Causas sociales y culturales de la depresión

Causas Sociales y culturales de la depresión - Conociendo Tu Mente

Qué Causa depresión | Causas sociales y culturales de la depresión

Como ya hemos visto en artículos anteriores (causas biológicas de la depresión y causas psicológicas de la depresión), existen varias circunstancias que pueden influir en el desarrollo o empeoramiento de la depresión.

Creo que eso ya nos ha quedado claro, ¿verdad? Y bueno, si no es así o no han tenido tiempo de leer esos artículos, se los recomiendo.

Ahora, en el artículo a continuación, vamos a hablar de cómo nos afecta el ambiente, la sociedad y la cultura en que vivimos para desarrollar o empeorar nuestra depresión, y esto va más allá de los roles de género.

Existen varias razones y las explicamos a continuación.

 

  • El nivel socioeconómico de la persona o los problemas financieros que posea.

El tener problemas financieros puede ser una causa de la depresión (al formar parte de los eventos estresantes de la vida y estar relacionado con la supervivencia), así también, la depresión puede ser causante de tener problemas financieros (es decir que se correlacionan la una con la otra). Si estás deprimido, evidentemente te será más difícil concentrarte, trabajar o funcionar como un ser humano “normal”, por ende, tu nivel socioeconómico será más bajo y puede que tengas o empieces a tener problemas financieros debido a que simplemente no puedes funcionar (no es que no quieres o no lo intentas, es que te resulta extremadamente difícil hacerlo).

Aunque no suene muy alentador el escenario, siempre hay maneras en las que podemos seguir, continuar. El buscar ayuda con un terapeuta (incluso si es alguien cubierto por tu seguro médico o un profesional en un centro de salud gratuito), podría serte de gran ayuda, no solo psicológicamente, sino también para que el/ella te ayude a ver más claramente el panorama de las situaciones que vives y también a descubrir técnicas con las cuales desarrollarte y “defenderte” en el mundo laboral, por así decirlo. Otra manera de enfrentar la depresión, es cambiar la manera en la que ves las cosas, más sobre esto lo puedes leer aquí.

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Estableciendo límites con gente tóxica (Parte 1): la duda

Límites Gente Tóxica Conociendo Tu Mente

Estableciendo límites con gente tóxica (Parte 1): la duda sobre si mismo

Cuando nos damos cuenta de la verdad, acerca de la dinámica real de una relación tóxica en la que estamos participando, nosotros, por razones obvias, podemos decidir ponernos de pie, defendernos a nosotros mismos y romper con esta. Sin embargo (y más a menudo de lo que creemos), se trata de un proceso muy difícil y doloroso.

Es más fácil cuando se trata de una persona al azar en la calle, pero se vuelve difícil y complicado si se trata de nuestra madre, padre, abuela, abuelo, hermano, hermana, tía, tío, esposo, novio, novia, amigo, amiga o conocido/a tóxico/a.

Por ejemplo, si un desconocido se acerca a nosotros en la calle y nos golpea en la cara, no sentimos que tal situación es un dilema envuelto en un enigma. No nos sentimos mal por sentirnos enojados, molestos, heridos y con ganas de alejarnos de esa persona. Entonces: ¿por qué nos sentimos confundidos, asustados, avergonzados o culpables solamente por desear una relación sana? O, por alejarnos de una persona tóxica que es cercana a nosotros?

Para todos nosotros es confuso, aterrador y difícil establecer límites con personas tóxicas que son cercanas (o muy cercanas), porque al haber sentido abuso, control y manipulación cuando niños, inconscientemente, hemos aprendido que las necesidades y preferencias de la gente son más importantes que las nuestras, que debemos (como si fuese una obligación), estar más preocupados por la otra persona que por nuestro propio bienestar, que nuestra percepción de la disfunción no es válida, que el amor incluye el abuso, la mentira y el dolor, y que: tú estás aquí para satisfacer los deseos de la otra persona en lugar de los tuyos propios.

Si, cuando éramos niños, este fue o se asemeja al ambiente psicológico vivido en la relación con nuestros cuidadores, entonces nos quedaremos programados para replicarlo en nuestras relaciones “estrechas” al llegar a ser adultos. La intimidad se asociará con la ansiedad, el dolor, la confusión, el control y la gestión de los sentimientos de la otra persona. Quiero Saber Más

¿Cómo se siente vivir con miedo?

Vivir con Miedo - Conociendo Tu Mente

Recuerdo una conversación que, alguna vez, tuve con mi madre cuando era adolescente aún. Ella me explicaba que el sentir miedo era “normal”, que todos lo sentimos, y que lo que hacía valiente a una persona, no era el hecho de que no sintiera miedo, sino por el contrario, era enfrentarse a una situación sin importar cuánto miedo tuviese, lo que sucediera en el enfrentamiento o el resultado final. Por supuesto, con los años uno olvida aquellas lecciones y una que otra experiencia vivida. Claro está que nuestro cuerpo (sistema nervioso), en su sabiduría se encarga de recordarnos todo lo vivido en algún punto de nuestra vida, lo único que hace falta es un detonante.

Como animales (somos animales además de ser humanos), constantemente buscamos sentirnos seguros, crecer y vivir percibiendo una vida sin peligros inminentes que amenacen nuestro equilibrio y tranquilidad. Pero, debido a que a veces sentimos que nuestra vida peligra (lo sentimos cuando niños o adolescentes), nos paralizamos y nuestro cuerpo decide que el miedo debe activarse, pues es el mejor camino a seguir, nuestra defensa a lo desconocido, o por lo menos lo más conocido por él.

En fin, biológicamente hablando, cuando sentimos miedo nuestro cuerpo cambia, su “sistema de alarma” se activa, y nuestro organismo piensa que debe protegernos y ayudarnos a sobrevivir. El sistema límbico, la amígdala específicamente, produce la respuesta de “pelea-huida” de la que de seguro han escuchado. Cuando esta se activa, desencadena esa sensación llamada miedo que todos conocemos muy bien. Es entonces cuando el estado de alerta máxima se ha declarado en nuestro cuerpo, el cual se prepara para salir corriendo o, por el contrario, ha decidido pelear y enfrentar el peligro.

Es ahí cuando además: la taquicardia, la sudoración, los temblores, la pérdida de control sobre nuestras respuestas racionales, la fuerza mejorada en los músculos (mayor cantidad de sangre en ellos) para poder correr, la presión arterial alta, las pupilas dilatadas y muchas más sensaciones corporales (en términos fisiológicos), forman parte de lo que le ocurre a nuestro cuerpo cuando tenemos (o mejor dicho, sentimos) miedo.

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